Las palomas están presentes en grandes cantidades en las plazas céntricas de la ciudad. Las aves vuelan hasta la plaza Independencia, Urquiza, San Martín, por citar algunas, porque buscan comida y en ellas hay muchos restos. Eso, al mismo tiempo, las acerca a los balcones y edificios urbanos.
Tucumán tiene características muy seductoras para las palomas y por eso hay tantas, además que de por sí tienen una gran capacidad de reproducción. En la provincia el calor presente todo el año, favorece su ciclo reproductivo, sea de alta o baja intensidad.
Al tener una alta producción de granos en el este, también encuentran un lugar casi inagotable de comida. La arquitectura del centro, con sus cornisas y edificios viejos, les da el lugar perfecto para anidar sin depredadores naturales cercanos.
Los inconvenientes
Para ellas es un paraíso, pero no tanto para los habitantes, tanto en la ciudad como en el campo. Su excremento es muy corrosivo y daña los edificios históricos y si el control no es adecuado pueden transmitir enfermedades o parásitos. Son icónicas y polémicas, al mismo tiempo. El equilibrio para controlarlas es difícil de hallar y poder convivir con ellas, pero la tendencia es alejarse de los métodos letales para enfocarse en la disuasión y el manejo del hábitat.
El uso de las latas es un clásico del ingenio tucumano. Combinado con los discos compactos (CD) es un método simple, barato y, lo más importante, entra en la categoría de control amigable: solo les da un susto visual y auditivo.
Si en los hogares tucumanos se ve esa combinación, no es por estética decorativa, es un sistema. Las palomas odian los destellos repentinos de luz y los ruidos metálicos impredecibles como el choque de las latas que combinan incomodidad visual y auditiva, si además se las lija un poco para que sean totalmente plateadas y brillen más, mejor.
Los CD alterarán más lo visual, incluso más que el sol, al generar el “efecto arco iris”. Y siempre hay que colgar más de una lata, muy cerca una de la otra, para que cuando sople la más mínima brisa, hagan ruido.
Las redes de exclusión son las que habitualmente se ven en los balcones y, a veces, en las estatuas cuando se les realiza alguna intervención para restaurarlas. La paloma simplemente rebota y se va a otro lado.
Las púas de policarbonato mejoran su reputación ya que pasaron a fabricarse en algo más que el metal que las pincha. No las hieren, solo evitan que tengan una superficie plana donde apoyarse; lo que se busca con todos los métodos es que el terreno sea incómodo para el animal.
Para que el control sea más amigable aún, hay pequeñas acciones que el ciudadano común también puede implementar. La limpieza es lo más importante para que la convivencia entre palomas y seres humanos sea armoniosa.
Hay que evitar dejar restos de comida porque el ave tiene memoria; si encuentra una miga, volverá siempre. En la ciudad es muy común que los tanques de agua no estén bien sellados, el animal busca hidratarse allí. Si hay un lugar identificado donde suelen estar, limpiarlo bien con vinagre ayuda a eliminar las feromonas que les indican que ese es un "lugar seguro".